De la arabicidad de los egipcios, a las fiestas de Morella

Cuando volvía del trabajo le daba la vuelta a la idea de escribir un post sobre este grupo de egipcios que reivindica su condición de pueblo descendiente de una cultura milenaria, abierto y libre de fanatismos. Según Alaa, un antiguo alumno con el que he estado hablando del tema, no se trata de una cosa de coptos, sino de egipcios en el sentido amplio de la palabra, pues, según él, en el grupo de Facebook que frecuenta (I´m Egyptian, not arab) se puede encontrar a tantos musulmanes como cristianos, coptos y ortodoxos, eso sí, todos unidos por algo superior: el orgullo de ser egipcios. 

Pues iba yo en el taxi reflexionando sobre qué escribir cuando me he acordado de algo que escuché en Beirut. Decía una joven estudiante: “no, pero si los libaneses no somos ni cristianos, ni musulmanes, ni drusos, ni nada de nada, somos fenicios”. Toma ya. Y no he podido evitar acordarme de que un día bicheando por un foro me encontré a un tipo que pedía la sustitución del águila de Saladino en la bandera egipcia por la silueta de la Esfinge. Y tampoco he podido evitar meterme en el Facebook para buscar el grupo en cuestión. Y lo he encontrado. Se presentan con frases de prestigiosos intelectuales, como esta del Dr. Zahi Hawas, el conocedor oficial de cuanto se refiere a egiptología en Egipto:

“Egyptians are not Arabs and are not Africans despite the fact that Egypt is in Africa.” 

O esta otra de Mahfuz:

“We are like a woman with a difficult pregnancy. We have to rebuild the social classes in Egypt, and we must change the way things were.” 

Hasta que al final de la página han empezado las teorías genéticas. Que si una prestigiosa doctora de la Universidad de El Cairo ha hecho un estudio y ha concluido que los egipcios de ahora y los encontrados en Giza son exactamente la misma cosa, que si tienen unas características genéticas idénticas, que si patatín, que si patatán… Y claro, el tema ha dejado de interesarme por completo. ¡Qué manía con no aceptar la Historia!

Y claro, con el calor que hace el sopor me ha invadido y antes de echar una cabezadita me he acordado que hoy empiezan oficiosamente las fiestas de Morella, porque oficialmente debieron empezar ayer con el pregón y esas cosas. Y recordando, recordando me han invadido unas ganas terribles de estar allí, de ver a mis amigos, de comer, cenar, beber con ellos. De las tardes en el garito, haciendo caso omiso a las vacas y disfrutando de un fresquísimo serpentín de cerveza. De las orquestas, de las charangas, de las meriendas, de los sobres de Álmax, de los cocs amb tomata, amb sardina o amb pernil, de la partida de Guitar Hero del martes por la noche. De cada uno de ellos y de todos a la vez. 

Pero en vez de estar practicando ese saludable rito folclórico que son las fiestas patronales de un pueblo, del mío, me encuentro a miles de kilómetros de allí, a 40º, trabajando, en una ciudad ultracontaminada en la que viven 20 millones de personas. Y lo que es peor, es algo que he elegido yo solita. Por contra me esperan 15 días en septiembre. Cuando llegue ya los estudiantes se habrán ido a preparar los exámenes. Estaremos los de siempre, esperando cumplir con el último rito folclórico del verano, el que cierra definitivamente el calendario festivo: la Fira (de ganado). Hacía años que no podía estar y me alegro recuperarla este. Es curioso cómo se puede pasar de la arabicidad o no de los egipcios, al préssec amb vi en tan solo 5 segundos. La cabra tira al monte, o eso parece. 

Ceuta, Melilla y la Wikipedia

Estábamos esta tarde tomando tranquilamente un café en casa con Hassan, cuando ha salido a relucir el tema de la “españolidad o marroquicidad” de Ceuta y Melilla. Hassan ve el tema bastante claro: Ceuta y Melilla fueron conquistadas a la fuerza y por lo tanto son marroquíes. 

Yo tenía entendido que estas dos ciudades autónomas pertenecían a España desde el s. XV y puesto que Gibraltar era británico, ¿por qué no iban a ser Ceuta y Melilla españolas? Para mí son territorios ganados o perdidos hace ya muchos años y puesto que sus habitantes quieren seguir perteneciendo al país que les da el pasaporte, ¿por qué íbamos a cambiar ahora todo el status quo? Si me entendéis bien, detrás de mi razonamiento no reside ningún postulado nacionalista, sino pragmático. Si a estas alturas tenemos que ponernos a revisar la Historia a ese nivel, ¿qué pasaría en este ya maltrecho y dolorido planeta? ¿Cuál sería el límite histórico-temporal en el que pararíamos de devolver o adjudicar territorios a otros países? ¿Esta “revisión” territorial se aplicaría a todo el mundo y por ejemplo, el Sáhara sería independiente, o por el contrario sólo sería válida para algunos territorios y países? ¿Qué beneficio a nivel práctico se puede obtener de una operación de tal magnitud? ¿Por qué son tan importantes para los pueblos estas discusiones sobre batallas ganadas y perdidas hace cientos de años? ¿Por qué no nos centramos en impedir que se sigan colonizando y ocupando territorios? ¿Por qué no somos capaces de hacer que israelíes y palestinos se entiendan de una vez? ¿Por qué no intentamos la tan deseada unión y hermandad de todos los países árabes? ¿Por qué no nos centramos en Irak y en Georgia, por ejemplo, y nos dejamos de tonterías? 

Me diréis que no todo son las razones prácticas que también hay otras de orden sentimental. Y yo pienso, si mi orgullo nacional no está herido ni tengo problema alguno porque Gibraltar pertenezca a Gran Bretaña, ¿por qué otros sí lo tienen porque Ceuta y Melilla sean ciudades autónomas españolas? ¿Y Chafarinas?

La respuesta, como siempre, en Wikipedia. Tras un rato de conversación nos hemos metido en Internet para ver cuál había sido la historia de estas dos ciudades. Primero en el sitio en español, luego en árabe y finalmente en inglés. Las entradas en inglés y español vienen a decir más o menos lo mismo. Me ha parecido, aunque no las he leído en profundidad, que se abstenían de hacer cualquier posicionamiento al respecto. Hacen el consabido repaso histórico y  sí mencionaban la disputa entre España y Marruecos, pero basta. Sin embargo, en las entradas en árabe se observaba claramente un deseo de que Ceuta y Melilla algún día pertenezcan a Marruecos. Se habla de las últimas colonias de África  y de las reivindicaciones del gobierno marroquí sobre este territorio.  

A mí me da que el tema de Ceuta y Melilla o las Chafarinas no es un tema que esté entre los cinco, ni siquiera los diez que más preocupan a los marroquíes, más o menos lo mismo de poco que me preocupa a mí Gibraltar. Sin embargo observo cierta obstinación por parte de algunos gobiernos en desviar la atención de los temas que realmente importan. Se intenta confundir, distraer a la población. Así ya no piensan en los cientos de cosas infinitamente más útiles que podrían reivindicar, también, a sus propios gobiernos. Y no digo que este mecanismo sea exclusivo de países árabes, o dictaduras, es un mecanismo global, solo que en unas sociedades hacen mella más unas cosas que en otras, pero ninguna nos libramos, y así nos va. 

De sexennis y mundiales

 

Los morellanos tenemos una forma de medir el tiempo un tanto particular: los sexennis. Es normal en una conversación entre morellanos hablar del año pasado, cuando en realidad se hace referencia al sexenio pasado. Cada seis años, desde finales del XVII, celebramos esta fiesta. Todo en Morella gira en torno a ella. Tras la estructura social propia del s. XXI que se reproduce en mi pueblo como en tantos otros lugares, subyace otra, mucho más antigua: es la organización sexenal. Grupos de amigos propiciados por el año de nacimiento de sus miembros, gremios, reuniones de los vecinos de la calle… El Sexenni obliga a relacionarse.

Los morellanos, aunque vivamos lejos de las murallas, tenemos el cerebro hecho a ese modo de medir el tiempo. Pocos días después de la “dolorosa eliminación” de España (¡VIVA EJJPAÑA!) en el mundial de Korea, llegué a Egipto. Y aquí vi los partidos del mundial de Alemania (Felipe mediante), cuatro años después. Durante ese mundial me sorprendí haciendo balance de los cuatro años pasados y diciéndole a Felipe cosas como -pues el año pasado nosequé o nosecuántos-, y comprendí que esa necesidad de medir el paso de la vida a intervalos cíclicos estaba mucho más arraigada de lo que pensaba.

Tras esto entendí por fin que yo soy de allí (en el sentido más amplio de la palabra), aunque viva aquí. Que por mucho tiempo que pase por estas u otras tierras, el sustrato de mi persona se formó allí y que eso no lo perderé nunca. Que soy una privilegiada porque puedo acceder a lo mejor de los dos mundos. Y que algún día me gustaría poder enseñar allí todo lo que estoy aprendiendo aquí.

¿Y a qué viene esto? Pues a que estoy viendo los JJOO de Pekín (los segundos que veo en El Cairo) y me he acordado que ya llevo aquí dos mundiales, dos JJOO, un cambio de Papa, un cambio de presidente en España, algunas guerras y atentados y un Sexenni. Si llego a Sudáfrica 2010 o a Londres 2012 me empiezo a preocupar, ¿no?

PD: Hosni sigue entre nosotros.

¿Otro blog? No, un “protoblog”

Pero… ¿por qué?

Hoy nos ha tocado despedir a Laila. Se va a EEUU. Por su parte, Islam e Isa ya están instalados en Dubai y Cádiz respectivamente. En dos semanas Juan se traslada a Estambul. Nosotros seguimos en El Cairo y van a empezar las fiestas en Morella. Así es esto. Cuando te despistas un momento acabas teniendo a la familia y los amigos entre España, Egipto, Beirut, Tel Aviv, Estambul, Austin, Brasil, Italia… Bajo estas circunstancias de “diáspora afectiva” no me pareció mal la idea de abrir un blog. 

Por otra parte está el tema del “alpinismo vital”. Acabo de alcanzar una de las metas que toda persona se supone que debe alcanzar: el trabajo fijo (ohhhh). Para ello he pasado por contratos de mierda, becas, prácticas y arrendamiento de servicios, todos ellos, también contratos de mierda, pero en menor medida. Y a pesar de eso soy una privilegiada y puedo decir que he tenido suerte. El parar a reflexionar y hacer balance de lo que han sido estos últimos años también me parece otra buena razón para mantener el blog. Y claro… el mes que viene cumplo 30 años. Otro punto de inflexión.  ¡Si no me abro un blog ahora no lo abro nunca.! 

Además está el tema de Egitpo, de El Cairo. Aquí he vivido los últimos seis años y aquí sigo viviendo ahora. Por aquí también, algo tendré que contar. El Cairo: ruido, tráfico, calor, contaminación, pero también gente amable, cálida, curiosa, alegre, divertida. 

Sus cafés, restaurantes, calles, plazas, puentes, mezquitas, mercados, iglesias… Un paseo en faluca, un concierto, una fiesta. Um Kulthum, Abd el Halim, Mahfuz, Taha Hussein, Tawfiq al Hakim, West el balad, Shahin, Taxi, El Makan, los escaparates del west el balad, el City Stars, Dar el Ahmar, un iftar en Ramadán, el Aid, el Hussein. 

El Cairo, la ciudad de los contrastes. Inmensos barrios de calles sin asfaltar transitadas por carros, bicicletas y tuk-tuks. Edificios de adobe a ladrillo vista, marañas de cables, basura. Mujeres cubiertas, hombres en galabeya. Pero también la ciudad de los restaurantes de lujo, de los pubs al estilo occidental, de los hoteles de 5 estrellas, de los exclusivos clubs deportivos, de las tiendas de artesanía de diseño, de las extranjeras en tirantes, de los velos chic, de la poca basura. 

West el Balad: edificios coloniales, trazado europeo, solera, tradición, orgullo. Dokki: diseño setentero, clase media-alta. Altos edificios de pisos. Impersonalidad. Comodidad. Frialdad. Todo esto y mucho más es El Cairo y me gustaría contarlo. 

Bastantes veces he abierto una cuenta y he hecho un intento de blog, pero se ha quedado en eso. Nunca he conseguido pasar de los 10 posts. Quizá no sabía realmente sobre qué escribir. Quizá no me lo había propuesto con una razón práctica de fondo. Quizá no me gustó lo poco que escribí. Quizá, quizá, quizá… 

Por eso, este protoblog nace con un objetivo concreto: 15 posts… Prometo no llamarlo blog hasta que cumpla unas determinadas condiciones ¿Lo conseguiré?